HARTARSE DE AMOR

Hartarse de amor, sin canjearlo

por la invasión de viejos límites,

empacharse juntos, cada jornada,

disfrutar nuestras viandas y secretos,

poder vaciar un instante ajeno

que oculten coacciones familiares.

Seremos impulso glotón, testigo

de nuestras pieles de papel de seda,

por caminos íntimos del cuerpo,

anudadas sin luz, a los rincones,

que anille la quietud de lo sagrado,

al mórbido perfil de la inocencia.

Tal vez  vuelvan, las tardes olvidadas,

 la eternidad escrita en este cuarto,

sobre sus cuatro paredes pacientes,

abiertas a una puerta fugitiva,

que resucita el temor hacia dentro,

y  filtra las caricias con nostalgia.

Quizás ahora, ya esté fuera el olvido:

ese ingenio despiadado del tiempo

que devora vivencias ya vividas,

un letargo en la linde de los labios,

perpetúa el silencio no querido

y aleja la ternura con los años.

Porque amar es un juego sin fronteras,

que no tiene mas que una respuesta,

aunque sean muchas las preguntas,

que todos nos hacemos a diario.

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