YO, MI, ME, CONMIGO

Sentirme distante junto a los míos,

luchar con fe, conmigo y con mis dudas,

viene a ser como una alergia rabiosa,

se ajusta a la idea sospechosa,

de ser yo mismo, sin luces ni sombras,

lo que queda de mi, al final del día,

cuando encajo mis brazos en soledad

y me sostengo  a mi mismo abrazado,

atado solo a mi y mis constancias,

en un sosiego que me pertenece.

La vida es cárcel, y sigue apresando,

un futuro sometido a la pulsión

sin haber decisión que rebobine,

y ajuste lo sufrido al perdón.

Me obsesiona ahora un desnudo terso,

que aparezca de repente en mi cuerpo,

como un sueño vertido en mi cama,

que  amanezca en mi, siempre sereno.

Como el silencio del polvo caído,

que fuese una  blandura derrumbada,

y así quedara, tan incrustado en mí

que nadie pudiera jamás limpiarlo.

He acariciado alegre mis arrugas,

sin forzar sonrisas, sin miedo,

las reconozco en lo cotidiano,

porque estoy al fin solo, conmigo.

Sin temor a los años desandados,

ocupado en ocupar las urgencias,

que la vida se pasa en un segundo,

y desgasta la piel de igual manera.

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